Hace poco más de un mes, el miércoles 23 de marzo pasado, tres delincuentes con armas se metieron a robar en un par de concesionarias de autos. En un asalto los filmaron las cámaras del comercio. Ninguno estaba con ropas de la policía, pero la mujer asaltada la semana pasada en 23 entre 42 y 43 (ver aparte) los reconoció igual. Para ella, fueron los mismos.
“Quedaron filmados, pero no sé si les importa. ¿Cuánto tiempo pueden estar presos? Es la impunidad de estos tiempos”, analizaba por entonces el encargado de la concesionaria de autos situada en 32 entre 16 y 17, donde los asaltantes le abrieron la oreja de un culatazo al hijo del dueño, para llevarse un maletín con las llaves de todos los vehículos y alrededor de 15 mil pesos.
La banda venía de cometer otro asalto en un local del mismo rubro, en diagonal 76 entre 43 y 18. Los delincuentes huyeron de allí con dinero en efectivo y una computadora, mientras las víctimas llamaban al 911 con la esperanza de que la policía los interceptara en las inmediaciones, algo que al final no pasó.
Ayer, tras un intenso operativo, personal de la seccional 11ª, logró atrapar en 531 entre 15 y 16 a uno de esos sospechosos, identificado como Miguel Alejandro Gamarra (23).
Según las fuentes consultadas por este diario, el detenido habría participado ademas del asalto a la pizzería “Abra Maestro” de 14 y 42 (ver aparte) y también en una vivienda situada en jurisdicción de la subcomisaría La Unión.
Lo inquietante del caso es que, de acuerdo a los voceros consultados, serían dos las bandas de ladrones, con ropas de policías, que estarían dando vueltas por la Ciudad.
Respecto al asalto en la concesionaria de diagonal 76, mientras uno de los ladrones se quedaba afuera de campana, los otros dos irrumpieron armados. Uno usaba una gorrita negra y el otro un buzo con capucha azul. Sin dejar de encañonar al joven, los ladrones (de entre 18 y 20 años) redujeron en la pequeña oficina a las otras tres víctimas.
Según el encargado, “pedían la plata grande, algo que no existe, porque las operaciones importantes no se hacen acá”. Pero ellos insistían, revoleando las armas y escrutando el pequeño reducto. Toda la secuencia no duró más que un minuto y medio.
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